Skip to main content

Human Body Measurement Science — For Every Body!


Medido, No Observado

El Cuerpo en el Antiguo Egipto: Papiros, Arte y Momias Revelan la Verdad

Nota del editor: Tres mil años de arte egipcio muestran el mismo cuerpo: joven, simétrico e inmutable. Los cementerios cuentan una historia completamente diferente. Egipto es una de las pocas civilizaciones que nos dejó textos escritos, un canon artístico rígido y cuerpos reales con los que podemos compararlos. Marcus Alcott analiza los tres archivos y se detiene donde entran en contradicción.
 |  Marcus Alcott  |  Ancient Civilizations & Body Ideals

Compartir en :

Visitante de museo observando un antiguo relieve egipcio de piedra caliza con una figura de pie que representa los ideales corporales del arte egipcio.

La mayoría de las civilizaciones antiguas ofrecen a los historiadores un solo tipo de evidencia y esperan que se las apañen con ello. A veces se trata de una pared de imágenes sin texto explicativo. A veces es un conjunto de literatura sin apenas obras de arte conservadas.

Egipto es el raro caso en el que tres archivos independientes sobreviven lado a lado: documentos escritos en papiro, un sistema artístico rígidamente estandarizado y decenas de miles de cuerpos humanos conservados. Esa combinación permite plantear una pregunta que normalmente no tiene respuesta: ¿tenían algo que ver los cuerpos que dibujaban los artistas egipcios con los cuerpos que realmente tenían los egipcios?

La respuesta corta, establecida a lo largo de décadas de trabajo egiptológico, es que no, y nunca pretendieron tenerlo. El dibujo de la figura egipcia era un sistema de significado más que un registro de la apariencia (Robins 1994). La misma brecha aparece en la escultura griega y sus textos médicos complementarios, pero Egipto es el lugar donde los investigadores pueden comprobar realmente esa brecha en comparación con los restos óseos. Lo que sigue es un recorrido por los tres archivos y por los lugares donde se contradicen entre sí.

En resumen

  • Los artistas egipcios trabajaron con un sistema de cuadrícula medida, no con modelos vivos, durante aproximadamente 3000 años (Robins 1994).
  • Los estudios óseos muestran rangos de estatura para las poblaciones estudiadas que se sitúan muy por debajo de las proporciones alargadas mostradas en las paredes de las tumbas (Zakrzewski 2003).
  • Las imágenes corporales se regían por la religión y el rango, por lo que el tamaño de una figura en una pared suele indicar estatus más que dimensiones físicas (Baines 2007).
  • Los papiros escritos, el arte pintado y los restos físicos discrepan con frecuencia, y estas discrepancias constituyen la parte más informativa.

Tres archivos, tres tipos de verdad diferentes

Cada una de las fuentes de evidencia de Egipto se produjo con un propósito que no tenía nada que ver con informar a los historiadores posteriores, y cada una aporta sus propias distorsiones.

Los papiros son documentos administrativos, religiosos y prácticos. El Papiro de Ebers (hacia el 1550 a. C., conservado en la Biblioteca de la Universidad de Leipzig) y el Papiro de Edwin Smith (hacia el 1600 a. C., traducido por James Henry Breasted en 1930) registran cómo los egipcios instruidos describían y categorizaban el cuerpo humano. El Papiro de Kahun, fechado aproximadamente en el 1825 a. C. y conservado en el Museo Petrie del University College de Londres, es el documento más antiguo que se conoce y que trata específicamente del cuerpo de las mujeres (Nunn 1996). Estos textos dicen a los investigadores de qué creían los egipcios que estaba hecho un cuerpo. No dicen casi nada sobre qué aspecto tenía un cuerpo típico.

El arte es todo lo contrario. Sobrevive en enormes cantidades y es visualmente explícito en cuanto a la proporción, pero se produjo bajo estrictas convenciones que los académicos denominan decoro: un conjunto de reglas sobre quién podía ser representado, en qué postura, a qué escala y en qué entorno (Baines 2007). El arte funerario no era documental. Era una pieza funcional de equipamiento religioso concebida para asegurar una existencia eterna a su propietario.

Los restos humanos son la única fuente que registra cuerpos reales, y presentan el sesgo de muestreo más acusado de todas. La momificación era costosa. La población conservada se inclina hacia quienes podían permitírsela, aunque las excavaciones de grandes cementerios de poblaciones trabajadoras en yacimientos como Guiza y Amarna han mejorado notablemente el panorama (Zakrzewski 2003).

Tabla 1 — Lo que cada fuente egipcia puede y no puede decirnos
Fuente de evidencia Responde bien a Responde mal a
Papiros escritos Cómo era descrito, nombrado y comprendido el cuerpo por los especialistas alfabetizados Dimensiones a nivel poblacional; la visión de la mayoría analfabeta
Arte de tumbas y templos La forma ideal, el rango social y el significado religioso atribuidos al cuerpo El parecido individual; las proporciones típicas de los egipcios vivos
Momias y esqueletos Estatura, complexión, edad al morir, desgaste físico por el trabajo Lo que los egipcios creían sobre esos cuerpos; detalle de tejidos blandos en restos mal conservados

La cuadrícula detrás de cada figura

Cualquiera que se pregunte cómo medían el cuerpo humano los antiguos egipcios llegará rápidamente a uno de los sistemas de diseño más duraderos de la historia. Desde el Imperio Antiguo en adelante, los artistas trazaban una cuadrícula sobre la superficie preparada de una pared y ubicaban las referencias anatómicas en líneas fijas de esa cuadrícula. En el canon estándar, una figura de pie ocupaba dieciocho cuadrículas desde la planta de los pies hasta el nacimiento del pelo, con la rodilla en la cuadrícula seis, la zona lumbar en la once y la unión del cuello con los hombros en la dieciséis (Robins 1994). La propia unidad de la cuadrícula se correspondía aproximadamente con el ancho de un puño cerrado.

Las consecuencias fueron profundas. Dos artistas que trabajaran con generaciones de diferencia en talleres distintos podían producir figuras casi idénticas, que es precisamente la razón por la que el arte egipcio resulta tan constante a lo largo de tres milenios. También significa que las proporciones en la pared de una tumba son una construcción matemática. Durante la Dinastía XXVI, el sistema se revisó a una cuadrícula de veintiún cuadrados, lo que alteró las proporciones de todas las figuras producidas a partir de entonces (Robins 1994). Los cuerpos no cambiaron. Las reglas del dibujo sí lo hicieron.

El canon de 18 cuadrados: dónde se situaban las referencias

0
 
Planta de los pies — línea de base
6
 
Rodilla
11
 
Zona lumbar
16
 
Unión del cuello y los hombros
18
 
Nacimiento del pelo — parte superior de la cuadrícula

Posiciones de las referencias según Robins, Proportion and Style in Ancient Egyptian Art (1994). La coronilla de la cabeza se situaba por encima de la cuadrícula y no se utilizaba como línea de referencia.

Pared de una tumba egipcia inacabada que muestra líneas de cuadrícula rojas y una figura de pie parcialmente dibujada
Una pared inacabada conserva el método de trabajo: primero los cuadrados de guía rojos, luego la figura humana. Medido, no observado — Civilizaciones antiguas e ideales corporales

Lo que registran los restos

La investigación ósea aporta el baño de realidad. Los análisis de la estatura y las proporciones corporales de los antiguos egipcios en muestras que abarcan desde el periodo Predinástico hasta el Imperio Antiguo indican estaturas medias para los hombres que se sitúan entre los 165 y los 170 cm (aproximadamente entre 65 y 67 pulgadas) y para las mujeres entre los 155 y los 160 cm (aproximadamente entre 61 y 63 pulgadas), con variaciones significativas entre yacimientos y periodos (Zakrzewski 2003). Esas cifras se encuentran dentro del rango estudiado para otras poblaciones mediterráneas y del norte de África de la época. No son las figuras de extremidades largas y cintura estrecha de las paredes de las tumbas.

La tecnología de imagen ha ampliado lo que los restos pueden decirnos. Un estudio publicado en The Lancet examinó 137 momias de cuatro culturas antiguas mediante tomografía computarizada, incluidas 76 de Egipto, y documentó calcificación arterial en una parte sustancial de ellas (Thompson et al. 2013). Al margen de lo que demostrara esa investigación, estableció que el escaneo no destructivo puede recuperar detalles anatómicos precisos de cuerpos que los excavadores antes tenían que cortar para abrir.

Carne, edad y rango

Una de las demostraciones más claras de que el arte egipcio codificaba el estatus en lugar de la apariencia tiene que ver con la grasa corporal. La estatua sedente de Hemiunu del Imperio Antiguo, el funcionario que supervisó la construcción en Guiza y que hoy se conserva en el Museo Roemer y Pelizaeus de Hildesheim, muestra un torso pesado con un pecho blando y un abdomen con pliegues. El famoso Escriba sentado del Louvre muestra algo similar. No se trataba de accidentes poco favorecedores. La corpulencia visible en un alto administrador transmitía prosperidad, una vida libre de trabajo manual y la madurez que la sociedad egipcia asociaba con el buen juicio (Robins 1997).

Mientras tanto, las paredes de esas mismas tumbas muestran a trabajadores, extranjeros y sirvientes con espaldas encorvadas, cabello escaso y cuerpos asimétricos, detalles que, por lo demás, el canon prohibía. La desviación de la forma ideal era en sí misma una marca social, reservada a quienes estaban fuera de la élite (Baines 2007). Los historiadores que analizan cómo las sociedades han vinculado las dimensiones físicas al poder social tienden a considerar a Egipto como el ejemplo completamente documentado más antiguo de este patrón.

La pared de una tumba no era un espejo. Era un conjunto de instrucciones para la eternidad, y el cuerpo dibujado en ella era el cuerpo que su propietario pretendía conservar para siempre.

Fertilidad, dioses y el cuerpo que se renueva

El pensamiento egipcio sobre el cuerpo no puede separarse de la religión egipcia, y aquí es donde los lectores modernos malinterpretan con mayor frecuencia la evidencia. Las imágenes que parecen provocativas para el ojo contemporáneo eran, en su propio entorno, teológicas.

El dios Min era representado en un estado permanente de disposición sexual, de pie con un brazo levantado, y se le honraba en una importante festividad estatal conocida como la Salida de Min, en la que se ofrecía lechuga debido a su asociación con el poder generativo (Wilkinson 2003). Ningún egipcio habría interpretado esa imagen como erótica en el sentido moderno. Min representaba la renovación de las cosechas, los rebaños y la sucesión real: la continuidad de la vida misma.

El mito de Osiris llevó esa misma lógica aún más lejos. Osiris es asesinado y descuartizado; su esposa Isis lo recompone y concibe a su hijo Horus, quien hereda el trono. La versión narrativa completa que la mayoría de la gente conoce procede de la obra de Plutarco De Iside et Osiride, escrita en griego en el siglo II d. C., casi dos mil años después de los Textos de las Pirámides egipcios que contienen los fragmentos más antiguos de la historia (Griffiths 1970). Los historiadores tratan el relato de Plutarco con cautela precisamente por esa razón. Es una síntesis tardía de alguien ajeno a la cultura, no una fuente egipcia.

La arqueología ha forzado sus propias revisiones en este aspecto. Miles de pequeñas figurillas femeninas de barro y loza recuperadas en templos, asentamientos y tumbas fueron etiquetadas durante gran parte del siglo XX como figuras de concubinas destinadas a servir a los difuntos varones. Un análisis más detallado del contexto de sus hallazgos ha desmontado en gran medida esa interpretación; las figurillas aparecen en entornos que no tenían nada que ver con enterramientos masculinos y cumplían una variedad de funciones rituales relacionadas con la curación, la protección y el parto (Pinch 1993; Waraksa 2009). Las divinidades del hogar asociadas al embarazo, especialmente Bes y Tueris, aparecen en muebles, amuletos y artículos cosméticos a lo largo de todo el registro arqueológico doméstico (Wilkinson 2003). La fertilidad no era un asunto privado que se tuviera que ocultar. Era pública, protectora y estaba en todas partes.

Figurillas votivas de barro y amuletos protectores de loza del antiguo Egipto exhibidos juntos en una vitrina de museo
Objetos que antes se etiquetaban como figuras de concubinas se han reinterpretado a través de los contextos de sus hallazgos como objetos rituales vinculados a la curación, la protección y el parto. Releyendo la evidencia — Civilizaciones antiguas e ideales corporales

Lo que realmente registran los papiros sobre el cuerpo

Leídos como documentos históricos más que como manuales, los papiros revelan una cultura que había creado un vocabulario detallado para el cuerpo mucho antes de que existiera una literatura comparable en otros lugares. El Papiro de Edwin Smith se organiza como una secuencia sistemática de casos, dispuestos de la cabeza a los pies, y cada uno sigue un formato constante de examen, evaluación y veredicto, incluidos casos que el autor se niega explícitamente a tratar (Breasted 1930; Nunn 1996). Esa estructura, varios siglos más antigua que cualquier equivalente griego, nos indica que los especialistas egipcios categorizaban y clasificaban las afecciones corporales en lugar de limitarse a recitar conjuros.

El Papiro de Berlín registra un procedimiento para predecir el embarazo en el que intervienen la cebada y la escanda, un ejemplo del modo en que los documentos egipcios combinaban la observación, el ritual y la analogía sin tratarlos como categorías separadas (Nunn 1996). Los lectores modernos que clasifican estos textos en columnas de lo "racional" y lo "mágico" están aplicando una división que los autores no reconocían.

El cuerpo cuidado

Los restos físicos y el ajuar funerario muestran en conjunto una cultura atenta al arreglo personal. Las pelucas de cabello humano, algunas elaboradas meticulosamente con relleno de fibra vegetal y fijadas con cera de abejas, se conservan en abundancia y eran utilizadas por hombres y mujeres acomodados (Fletcher 2000). Los cosméticos de ojos se fabricaban a partir de galena y otros minerales mediante procesos lo suficientemente complejos como para que los análisis químicos identificaran compuestos que no existen de forma natural y que debieron sintetizarse deliberadamente (Walter et al. 1999). Los utensilios para la depilación corporal aparecen en enterramientos de diversas épocas.

La modificación corporal también está documentada. Un relieve de la tumba de Anjmahor de la Dinastía VI en Saqqara representa lo que generalmente se interpreta como una escena de circuncisión, acompañada de una breve leyenda, y sigue figurando entre los registros visuales más antiguos de esta práctica en todo el mundo (Nunn 1996). Los lectores interesados en saber cómo se difundió y cambió esa tradición pueden consultar la distribución global y el significado cultural de la circuncisión en otras sociedades.

¿Sabías que...?

Los artistas egipcios casi nunca firmaban sus obras, y el canon estaba diseñado para que varias manos pudieran completar una sola figura sin que se notara la transición. Un artesano podía trazar la cuadrícula en una pared, un segundo delinear los contornos, un tercero esculpir y un cuarto pintar, y aun así la imagen se leía como una unidad continua (Robins 1994).

Amarna: cuando las creencias redibujaron la figura humana

El caso de prueba más evidente llega en el siglo XIV a. C. Bajo el faraón Akenatón, las convenciones artísticas cambiaron de forma abrupta. Las figuras reales adquirieron cráneos alargados, hombros estrechos, muslos voluminosos y abdomenes ablandados. El estilo es inconfundible y aparece, desaparece y se borra deliberadamente en el plazo de unos veinte años.

Durante gran parte del siglo XX, los eruditos propusieron que las imágenes del rey reflejaban una condición física, y se sugirieron diversos diagnósticos basándose únicamente en las obras de arte. Ese enfoque ha caído en desuso. En la actualidad, los egiptólogos suelen interpretar el estilo de Amarna más como una declaración teológica que como un retrato, vinculada a la reorganización religiosa del reinado en torno al disco solar y a la presentación del rey como fuente de vida para su pueblo (Robins 1994). Fundamentalmente, nunca se ha confirmado de forma segura el hallazgo de los restos de Akenatón para dirimir la cuestión, y diagnosticar a un individuo a partir de relieves murales estilizados no es algo que respalde la evidencia.

Por tanto, Amarna es la demostración más clara posible del punto central de este artículo. Cuando las ideas egipcias cambiaron, los cuerpos egipcios en las paredes cambiaron con ellas, en el plazo de una sola generación y sin ningún cambio correspondiente en la población. Cualquiera que estudie los ideales corporales del antiguo Egipto en el arte está estudiando creencias, no biología. La misma cautela interpretativa se aplica a tradiciones posteriores; observe cómo se manifiesta en lo que realmente representaban los maestros del Renacimiento.

Interpretar a Egipto en sus propios términos

La tentación ante una civilización tan bien documentada es hacerle preguntas modernas: qué consideraban atractivo los egipcios, qué sentían respecto a sus cuerpos, cuáles eran sus estándares. Esas preguntas dan por sentadas categorías —la imagen corporal individual, la preferencia estética personal, la sexualidad como identidad— que se desarrollaron en circunstancias históricas específicas y no pueden trasladarse al pasado. Las fuentes egipcias no responden a estas preguntas porque los escritores egipcios no pensaban en esos términos.

Lo que sí revelan los tres archivos es una sociedad que trataba el cuerpo como algo que debía medirse, ordenarse, clasificarse, conservarse y perdurar. La cuadrícula en la pared, la vara de codo en la tumba, el cuidadoso vendaje de los muertos y la organización caso por caso del Papiro de Edwin Smith expresan el mismo impulso. Egipto no idealizó el cuerpo del modo en que lo harían las culturas posteriores. Lo sistematizó. Tres mil años después, el sistema sigue siendo legible, algo más de lo que la mayoría de las civilizaciones lograron dejar atrás.

Preguntas que se hacen los lectores

¿Dibujaban alguna vez los artistas egipcios a partir de modelos vivos?

No hay evidencia de que lo hicieran de la forma en que lo harían más tarde los talleres europeos. El sistema de cuadrícula proporcionaba las proporciones, y el aprendizaje consistía en copiar formas establecidas en lugar de observar a modelos. Aparecen rasgos individuales en algunas esculturas, especialmente en la retratística real del Imperio Medio, pero se sitúan dentro del marco estándar en lugar de sustituirlo (Robins 1994).

¿Qué estatura tenían los antiguos egipcios?

Los análisis óseos indican estaturas medias que oscilan entre los 165 y los 170 cm (de 65 a 67 pulgadas) para los hombres y entre los 155 y los 160 cm (de 61 a 63 pulgadas) para las mujeres en las muestras estudiadas, con variaciones según los yacimientos y las épocas (Zakrzewski 2003). Se trata de promedios obtenidos de poblaciones de cementerios excavados, no de mediciones de un individuo en concreto.

¿Por qué algunas figuras egipcias parecen mucho más grandes que otras en la misma escena?

La escala indicaba la importancia más que el tamaño físico. El propietario de una tumba se dibuja habitualmente mucho más grande que sus trabajadores, y un rey más grande aún, siguiendo las convenciones de decoro que regían qué podía mostrarse y cómo (Baines 2007). Los tamaños relativos constituyen un sistema de jerarquía, no un registro de dimensiones.

¿Coinciden los papiros escritos con lo que muestra el arte?

Con frecuencia no, y el desacuerdo resulta esclarecedor. Los papiros describen cuerpos que envejecen, se cansan y varían. El arte muestra cuerpos jóvenes, simétricos y fijos. Ambos fueron producidos por la misma cultura con propósitos completamente diferentes (Nunn 1996; Robins 1994).

Fuentes y lecturas complementarias

  • Baines, J. (2007). Visual and Written Culture in Ancient Egypt. Oxford University Press.
  • Breasted, J. H. (1930). The Edwin Smith Surgical Papyrus. University of Chicago Press.
  • Clagett, M. (1999). Ancient Egyptian Science, Vol. III: Ancient Egyptian Mathematics. American Philosophical Society.
  • Fletcher, J. (2000). "Hair," in Nicholson, P. & Shaw, I. (eds.), Ancient Egyptian Materials and Technology. Cambridge University Press.
  • Griffiths, J. G. (1970). Plutarch's De Iside et Osiride. University of Wales Press.
  • Nunn, J. F. (1996). Ancient Egyptian Medicine. British Museum Press.
  • Pinch, G. (1993). Votive Offerings to Hathor. Griffith Institute.
  • Robins, G. (1994). Proportion and Style in Ancient Egyptian Art. University of Texas Press.
  • Robins, G. (1997). The Art of Ancient Egypt. Harvard University Press.
  • Thompson, R. C., et al. (2013). "Atherosclerosis across 4000 years of human history." The Lancet, 381(9873), 1211–1222.
  • Walter, P., et al. (1999). "Making make-up in Ancient Egypt." Nature, 397, 483–484.
  • Waraksa, E. A. (2009). Female Figurines from the Mut Precinct. Academic Press Fribourg.
  • Wilkinson, R. H. (2003). The Complete Gods and Goddesses of Ancient Egypt. Thames & Hudson.
  • Zakrzewski, S. R. (2003). "Variation in ancient Egyptian stature and body proportions." American Journal of Physical Anthropology, 121(3), 219–229.
  • Referencias de colecciones: la colección en línea del Museo Británico y la Línea del Tiempo de Historia del Arte Heilbrunn del Museo Metropolitano de Arte.


Aviso legal

  1. Todo el contenido de este sitio web, incluidos los artículos, materiales educativos y calculadoras interactivas, tiene únicamente fines informativos, educativos y de entretenimiento. Los cálculos, percentiles y resultados generados por las herramientas de este sitio se basan en datos estadísticos generales y modelos matemáticos; no constituyen datos médicos, una evaluación clínica ni un diagnóstico.
  2. Nada de lo contenido en este sitio web sustituye el asesoramiento, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Consulte siempre a un profesional de la salud cualificado o a un urólogo ante cualquier pregunta que tenga sobre el desarrollo físico, la anatomía o las condiciones de salud. El uso de cualquier información o herramienta proporcionada por este sitio web es exclusivamente bajo su propia responsabilidad.

By Marcus Alcott

Marcus Alcott is Editor-in-Chief covering men’s health, sexual performance, and vitality culture. His work focuses on evidence-based wellness, masculine identity, and long-term physical confidence.

Artículos Relacionados

Nota del editor: Todos conocemos el dibujo: el hombre dentro del círculo y el cuadrado. Pero el Hombre de Vitruvio, el David y los techos de la Capilla Sixtina nunca fueron registros de cuerpos reales. Eran representaciones de un cuerpo perfecto. Aquí analizamos lo que Miguel Ángel, Da Vinci y sus…
Cada estatua clásica que alguna vez has admirado fue construida siguiendo una regla escrita. Policleto escribió el tratado; Galeno lo citó; Vitruvio lo reinterpretó. Sin embargo, los huesos hallados en los cementerios griegos cuentan una historia diferente, al igual que las cuadrículas de Egipto, l…
Todo visitante de la Casa de los Vettii se detiene en el mismo lugar, por la misma razón, y malinterpreta lo que está viendo. Los romanos no colocaron esa figura para escandalizar a nadie; la instalaron del mismo modo que hoy instalarías una cerradura. Marcus Alcott sigue el rastro de un dios menor…

footer logo
Desde la salud y el fitness masculino hasta el tamaño, el sexo y las relaciones, GenitalSize.com comparte consejos honestos para aumentar la confianza y la identidad.

© Tamaño Genital. Todos los derechos reservados.
Volver arriba